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Junto con el crecimiento de una organización, también aumentan la complejidad de sus actividades, el número de dependencias y la necesidad de coordinar el trabajo de muchos departamentos. En la nueva realidad, el enfoque tradicional de la gestión se está volviendo rápidamente inviable. Para racionalizar los procesos, mejorar la eficacia operativa y crear una base sólida para seguir creciendo, muchas empresas están recurriendo a un enfoque basado en procesos. Definir este concepto es tan fácil como el abecedario.
Llegados a este punto, muchos directivos también se preguntan: ¿qué es LEAN? Es una filosofía de gestión centrada en la eliminación de residuos y la mejora del flujo de procesos, principios que apoyan firmemente un enfoque por procesos.
El enfoque por procesos en la gestión implica contemplar la empresa desde la perspectiva de cómo se hace realmente el trabajo: paso a paso, de la A a la Z. En lugar de centrarse únicamente en la estructura organizativa o de estancarse en los departamentos individuales, toda la atención se desplaza al curso de las actividades y a las dependencias entre ellas.
Es un excelente punto de partida para las organizaciones que no quieren crecer caóticamente, perdiendo poco a poco el control, sino que prefieren crecer de forma ordenada y mantener la coherencia aunque aumenten los proyectos, los clientes y los empleados.
El enfoque por procesos se describe, entre otros, en la norma ISO 9001:2000. En contra de lo que pueda parecer, no es necesario implantar la certificación para beneficiarse de sus principios. La cuestión es tratar la organización como un sistema de procesos interrelacionados que trabajan juntos hacia un objetivo común. La clave del éxito es pensar en términos de flujo continuo:
Recursos → Acciones → Resultados → Feedback → Mejora
Es un bucle cerrado en el que cada etapa influye en la siguiente, y las conclusiones de la aplicación no acaban en un cajón, sino que se traducen realmente en mejoras en la forma de hacer las cosas.
El punto de partida son los requisitos del cliente. Éstos deben influir en la forma en que se llevan a cabo las acciones, dando forma al flujo de trabajo en cada fase del proceso, en lugar de aparecer sólo en la línea de meta. ¿Por qué todo esto? Para mejorar la comunicación interna, integrar las funciones de gestión y operativas, y mejorar sistemáticamente la organización, influyendo en la calidad y estabilidad de sus operaciones.
En esta fase, a menudo surge la pregunta: ¿proyecto o proceso? ¿Cuándo utilizar un enfoque concreto? En la práctica empresarial, estos dos conceptos se solapan a menudo, aunque desempeñen papeles completamente distintos.
Los procesos se refieren a las actividades repetitivas, es decir, las que se realizan con regularidad y deben seguir un patrón coherente y predecible. No es más que el trabajo diario de una organización. La normalización de los procesos organiza el funcionamiento de una organización y armoniza las mejores prácticas. Como resultado, el trabajo ya no depende únicamente de los hábitos individuales, sino que se basa en reglas claras.
Los proyectos, en cambio, sirven para introducir cambios, como implantar nuevas herramientas, mejorar la forma de hacer las cosas o lanzar un nuevo servicio o producto. Las señas de identidad de cualquier proyecto son una fecha de inicio y fin claramente definidas y un objetivo concreto. Desde el principio, se organizan mediante una carta de proyecto, que define los objetivos, el alcance y las responsabilidades. En entornos más estructurados, los proyectos suelen utilizar la Stage-Gate Methodology, que divide el trabajo en fases claras con puntos de decisión antes de pasar a la siguiente fase.
En la práctica, esto significa que el funcionamiento cotidiano de la organización se basa en procesos, mientras que su mejora, optimización o implantación de nuevas herramientas adopta la forma de proyectos. Ambos enfoques se complementan y, en función de la naturaleza de las actividades realizadas, pueden utilizarse con éxito en paralelo. Esto significa que la gestión de proyectos ya no consiste únicamente en llevar un registro de plazos y listas de tareas, sino que se convierte en una herramienta consciente para impulsar el cambio y el desarrollo de procesos dentro de la organización.
Una de las etapas clave para organizar el funcionamiento de una organización es el mapeo de procesos. Consiste en identificar los procesos y sus principales etapas, así como las dependencias e intersecciones entre los equipos.
Esto muestra claramente qué actividades se suceden, dónde se transfiere la información y quién está implicado. A menudo, en esta fase salen a la luz cuellos de botella o actividades duplicadas. Cuando las pequeñas mejoras no bastan, las empresas pueden recurrir a la Business Process Reengineering para rediseñar por completo sus procesos clave.
Es importante recordar que no existe una media de oro en lo que se refiere al mapeo de procesos. Algunas empresas adoptan un enfoque descendente, mientras que otras analizan las actividades diarias y las unen en un todo mayor. Independientemente de la plantilla de mapa utilizada, el resultado es el mismo: una mejor comprensión de la organización. Y esto allana el camino para acortar los plazos y lograr una automatización significativa. ¡La optimización de los procesos empresariales nunca ha sido tan fácil!
En contra de la creencia popular, implantar un enfoque basado en procesos no consiste sólo en cambiar la documentación o las herramientas, sino sobre todo en cambiar la forma de pensar sobre el trabajo. Seamos sinceros: ni siquiera los mejores procesos funcionarán en la práctica si el equipo los considera una moda corporativa más.
La resistencia de los empleados rara vez es resultado de la mala voluntad. Más a menudo se debe a la falta de comprensión de por qué hay que cambiar algo y al miedo a que los procesos conduzcan a más papeleo, control y normas rígidas. Si los procesos se asocian exclusivamente a diagramas y procedimientos, es difícil esperar entusiasmo.
Por eso la comunicación y dar sentido al cambio son las claves del éxito. El equipo debe saber por qué la empresa opta por un enfoque basado en procesos y qué problemas pretende resolver. Menos caos en el trabajo diario, prioridades más claras y menos problemas que resolver por el camino son algunas de las ventajas de un enfoque por procesos que los empleados percibirán rápidamente (siempre que los procesos empresariales de una empresa estén bien diseñados).
También es importante recalcar claramente que los procesos no están pensados para complicar el trabajo, sino para organizarlo. Una cultura de procesos bien implantada en las organizaciones significa más previsibilidad y sensación de control sobre las tareas, no menos flexibilidad.
Ahora que sabes en qué consiste la gestión de procesos en una organización, es hora de poner en práctica la teoría. La integración de procesos y proyectos es una de las formas más sencillas de combinar eficazmente la estabilidad del trabajo diario con la flexibilidad de los proyectos. Por un lado, están las actividades repetitivas y, por otro, las iniciativas que introducen cambios. Es esencial que estos dos mundos no funcionen uno al lado del otro, sino que se complementen.
¿Cómo funciona esto en la práctica? Los procesos marcan el ritmo, definiendo la forma estándar de trabajar y la secuencia de pasos; los proyectos los utilizan como punto de referencia, y herramientas de gestión de proyectos, como FlexiProject, lo reúne todo en un todo único y transparente. Como resultado, el Cronograma del proyecto ya no es sólo un plan sobre el papel, sino un reflejo realista de cómo se hace el trabajo en la organización.
Todo ello para que el equipo pueda ver de un vistazo no sólo qué hacer y cuándo, sino también por qué es importante una etapa determinada y a qué proceso está vinculada. Esto facilita definitivamente la planificación, la priorización de tareas y la gestión de recursos. Los proyectos se vuelven más predecibles, se controla mejor el progreso y las actividades de toda la organización se vuelven coherentes. ¿Efectos secundarios? Menos malentendidos y ninguna necesidad de ajustes del plan durante la ejecución, que llevan mucho tiempo. El enfoque por procesos también fomenta de forma natural el desarrollo de la oficina de gestión de proyectos y cambia su papel de unidad centrada en el control a unidad que presta apoyo real a los equipos y las iniciativas.
Como puedes ver, el enfoque basado en procesos no mata la creatividad ni convierte la empresa en una máquina burocrática. Todo lo contrario. El enfoque basado en procesos organiza los cimientos, creando más espacio para el desarrollo posterior. Combinado con una gestión de proyectos madura y las herramientas informáticas adecuadas, se convierte sencillamente en un verdadero apoyo para las organizaciones que quieren funcionar con más eficacia.