En contra de la creencia popular, uno de los mayores retos en la gestión de proyectos no es la falta de objetivos, sino la falta de claridad sobre por qué -a pesar de una estrategia planificada y unos planes aprobados- los resultados no son los esperados. Si te preguntas qué es exactamente lo que se interpone en el camino hacia la consecución de esos objetivos, el análisis GAP es la herramienta perfecta para organizar tu pensamiento y traducir tu estrategia en acciones reales. ¡Empecemos ya!
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En este artículo aprenderás:
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Aunque muchas organizaciones y proyectos tienen objetivos claramente definidos, los resultados a menudo difieren de las suposiciones. En lugar de leer las hojas de té, puedes comprobar fácilmente lo lejos que estás de donde quieres estar. La clave del éxito es el Análisis de Gaps. ¿Qué es el análisis GAP? El análisis GAP consiste en comparar el estado actual con lo que se considera el estado deseado. Su finalidad es identificar las diferencias -las llamadas brechas- que obstaculizan la consecución de resultados. Desde un punto de vista práctico, esto significa examinar los procesos, los resultados, los recursos y las competencias y, a continuación, identificar las áreas que necesitan mejoras. Todo esto se hace para responder a tres preguntas clave:
En la práctica, el análisis GAP se utiliza para identificar lagunas, es decir, diferencias entre cómo funciona actualmente una organización o proyecto y cómo debería funcionar para alcanzar eficazmente sus objetivos. Sin embargo, conviene recordar que el análisis de brechas organizativas no se centra en la evaluación, sino en la comprensión: dónde están las brechas y por qué obstaculizan la consecución de los objetivos. Puede aplicarse tanto a escala de toda la empresa como en relación con un único proyecto o proceso.

Esto hace que el análisis GAP sea ideal para ventas, finanzas, RRHH, TI y gestión de proyectos. Lo mejor de todo es que puede hacer maravillas tanto a nivel operativo, cerca del trabajo diario, como a nivel estratégico, cuando se mira hacia el futuro.
Aunque el análisis GAP pueda parecer complicado, su lógica es sorprendentemente sencilla. Se trata de comprender por qué un determinado problema vuelve a surgir como un boomerang, aunque se conozcan los objetivos y las acciones estén -en teoría- planificadas.
¿Cómo realizar el análisis GAP? El primer paso es observar cómo funcionan los procesos y qué resultados aportan. Después, basta con definir los objetivos que la organización quiere alcanzar. Tras comparar estas dos imágenes, queda claro qué es lo que falta y qué acciones pueden ayudar a salvar la brecha.
Paso 1. Determina el estado actual
Empieza por echar un vistazo realista a cómo funciona la organización aquí y ahora. Analiza cómo son los procesos y qué resultados producen. Piensa dónde surgen dificultades, retrasos o ineficiencias. El mapeo de procesos puede ser útil aquí, ya que te permite ver todo el curso de las actividades paso a paso e identificar rápidamente las áreas en las que algo está atascado o es innecesariamente complicado. En esta fase, vale más basarse en datos y observaciones que en suposiciones. Además, recuerda que cuanto mejor describas el estado actual, más fácil será identificar lagunas concretas.
Paso 2. Define el estado deseado
Es hora de determinar la dirección en la que se dirige la organización. Esto implica definir claramente los objetivos, que sean comprensibles y mensurables. El estado deseado debe ser ambicioso, pero también realista. Asegúrate de tener en cuenta los Recursos disponibles, las competencias y las limitaciones organizativas. Un objetivo bien definido es aquel que no deja lugar a dudas sobre lo que consideras un éxito.
Paso 3. Compara ambos estados e identifica la diferencia
Una vez que conozcas el estado actual y el objetivo, es hora de entrar en el meollo del análisis GAP. Comparando ambas perspectivas, verás rápidamente dónde están las diferencias y cuán grande es la brecha que hay que salvar. No tengas miedo de llamar a las cosas por su nombre. Identifica claramente qué es exactamente lo que falta: ¿Recursos, competencias, herramientas, tiempo o quizás procesos coherentes? Cuanto más exactamente describas la brecha, más fácil será planificar acciones significativas.
Paso 4. Arregla lo que no funciona
Identificar las carencias de competencias y abordar otros déficits es sólo la mitad de la batalla. Es igualmente importante comprender su origen. ¿El problema se debe a la falta de competencias pertinentes? ¿O se debe a un proceso ineficaz o a funciones y responsabilidades poco claras? Una vez conocidas las causas, es hora de empezar a buscar soluciones. No te limites de entrada a una sola opción. Al fin y al cabo, no todas las soluciones, aunque parezcan razonables, serán rentables o realizables. Compara las opciones disponibles en función de sus ventajas, costes, riesgos y efectos potenciales. Recuerda que el análisis GAP sólo tiene sentido si conduce a decisiones concretas y cambios reales, y no sólo a números atractivos sobre el papel.
En esta fase, un sistema de gestión de proyectos adecuadamente seleccionado puede ser de gran ayuda para organizar tus actividades. Te permitirá traducir fácilmente las conclusiones del análisis en tareas y responsabilidades concretas.
El núcleo del análisis GAP consiste en comparar el estado actual (As-Is) con el estado deseado (To-Be). El primero muestra claramente cómo es la realidad: cómo trabajan los equipos, cuáles son los resultados, dónde se producen los cuellos de botella, qué funciona bien y qué tiene dificultades para funcionar. El estado deseado, por otra parte, es una visión de futuro, pero no una quimera. Un To-Be bien descrito es específico, mensurable, realista y sujeto a plazos. Cuando comparas ambos estados uno al lado del otro, la brecha deja de ser abstracta y adquiere una dimensión muy concreta, por ejemplo, la falta de competencia en un área determinada.
Cuando se trata de proyectos, el análisis GAP suele utilizarse para evaluar la eficacia de las actividades realizadas. Además, permite identificar las barreras que frenan el progreso. En la práctica, puede aplicarse tanto a los resultados cuantitativos como a los cualitativos, por ejemplo:
Además, el análisis GAP puede utilizarse con éxito para comparar procesos implantados en distintas partes de una organización. También es un buen punto de partida para comparar tus propias soluciones con las de tus competidores. En tales situaciones, el modelado de procesos empresariales ayuda a «trazar» cómo funciona la organización y ver en blanco y negro qué elementos la acercan realmente a su objetivo y cuáles sólo añaden carga de trabajo.
¿Te preguntas cuál es la importancia del análisis de carencias en la práctica? Una de las mayores ventajas del análisis de carencias es que organiza eficazmente el pensamiento, indicando claramente qué es exactamente lo que hay que mejorar y por dónde empezar. Todo esto se hace para ayudarte a pasar sin problemas de suposiciones generales y planes ambiciosos a decisiones y acciones concretas. Esto facilita la comprensión del funcionamiento diario de la organización y la identificación de las fuentes de los problemas. A menudo, no se trata de falta de compromiso o ambición, sino de procesos poco claros o escasez de recursos.
¿Por qué se valora tanto esta herramienta? En primer lugar, te permite comprender mejor la organización, en lugar de basarte únicamente en la intuición. En segundo lugar, facilita la planificación de proyectos basada en hechos. En tercer lugar, ayuda a aumentar la eficacia eliminando barreras reales. ¡Pero eso no es todo! El análisis GAP también te permite identificar los problemas antes de que se conviertan en catástrofes, reduciendo así el riesgo.